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Como filósofo no puedo explicar la novela.



Entrevista a Alain Badiou por Jean Birnbaum.
http://www.resonancias.org/content/read/950/alain-badiou-como-filosofo-no-puedo-explicar-la-novela-entrevista-por-jean-birnbaum/
Comencemos por esta paradoja: como filósofo usted apela a Platón, cuyo gesto fundador fue proscribir a poetas y artistas fuera de la urbe; pero como autor, el primer libro que publicó se titulaba Almagestes (Seuil, 1964), y era una novela. ¿Cómo comprender esta contradicción?
En los años 1950-1960, mi maestro absoluto era Sartre. Y a través de él, la gran tradición francesa del escritor-filósofo. Ahora bien, en Las Palabras, el escritor está primero, la filosofía es un último recurso. En esa época, yo estudiaba filosofía, pero mi ambición era literaria, y mi primera experiencia en la tele, en la emisión de Pierre Dumayet, fué por Almagestes. En el fondo, hay esta idea francesa de que la verdadera gloria es literaria. La gloria filosófica es alemana o académica. Por eso, Merleau-Ponty nunca pudo aspirar al poder prestigioso de Sartre. En cuanto a la paradoja que señala usted, es decir un Platón que comienza por la literatura, hay que examinar su caso. Se dice que Platón habría escrito primero tragedias para luego quemarlas. Yo, no quemé nada... Y además mi platonismo incluye una rectificación importante: si Platón la emprende con los poetas, es porque identifica actividad artística con producción de imágenes, ilusiones, engaños. Considero que eso es falso: el arte no sólo produce imágenes, crea también una dialéctica de la verdad.Aquí, hay en usted un equívoco. En algunos libros, por ejemplo en Pequeño manual de inestética (Seuil, 1998), usted dice que sólo el arte puede producir verdades y que la filosofía sólo las muestra: de ahí la imagen del filósofo como “proxeneta de la verdad”. En otros textos, especialmente en Beckett: El Infatigable Deseo (1995), es lo contrario: la poesía o la novela tienen por vocación plantear las preguntas pensadas por la filosofía.
Si, hay un equívoco real en lo que respecta no tanto a la diferencia entre filosofía y literatura, sino a la naturaleza exacta de su relación. Por un lado, sostengo que la literatura es un procedimiento de verdad; y por otro, la utilizo con fines de didáctica filosófica: cito tal fragmento de poema, tal análisis de novela, para utilizar la potencia del arte al servicio de la filosofía. Así, mi categoría de “acontecimiento” viene en parte de Mallarmé. Pero al mismo tiempo, utilizo a Mallarmé para exponer esta categoría. La didáctica filosófica utiliza el arte para presentar sus conceptos. Entre paréntesis, Platón mismo no se priva de eso en absoluto... Si hubiera que zanjar ¿aceptaría usted definir a los escritores como los auténticos creadores de lo verdadero, y a los filósofos, por consiguiente, como los substitutos?
Hay una dependencia de la filosofía, estoy convencido de ello. Muchas civilizaciones han podido evitar eso. Entonces, hay que aceptar ser un “substituto”... Pero también considerar los inmensos efectos de la filosofía, sobre todo en períodos de transición, cuando se produce un cambio en el régimen de las verdades. En el siglo XVIII, escritores y filósofos inventaron nuevas formas críticas, y es difícil decir quién contribuyó más. En el caso de Rousseau, la importancia del Contrato Social es flagrante, pero la de La Nueva Eloisa lo es también. Hoy, atravesamos un intervalo, que explica a la vez la importancia creciente de la filosofía y la dificultad en la que se encuentra la literatura, entre las antiguas concepciones vanguardistas y la voluntad de volver a algo más descriptivo. Conocer las principales corrientes del arte literario se ha vuelto laborioso. Desde la "Nueva Novela", última escuela literaria, la situación es muy oscura, incierta. Como Ibsen le hace decir a Julien el Apóstata: lo antiguo ya no está más, lo nuevo aún no ha llegado.
Entre literatura y filosofía, la circulación parece difícil. Usted mismo escribió novelas, y también obras teatrales. No obstante, los lectores sólo conocen sus obras filosóficas.Sí, puesto que en otro tiempo lo que servía de puente entre la filosofía y la literatura, era la teoría, los manifiestos literarios. Actualmente, carecemos de ese tipo de textos brillantes, de los que uno se pueda apoderar para sintetizar la filosofía y la literatura. Yo mismo,me impregno de la literatura contemporánea, leo a Jacques Roubaud, Jean Echenoz, Natacha Michel, como todo el mundo, pero soy incapaz de utilizar estas obras como filosofía. Esta dificultad de circulación es característica de los períodos de transición, cuando es máxima la separación de los procedimientos para llegar a la verdad. Platón circulaba entre la filosofía y las matemáticas. Ese sería mi sueño, pero lo hago en el seno de espacios muy antiguos, entre Cantor y Gödel, entre Mallarmé y Beckett y es sin duda una carencia de mi parte.

En sus libros de filosofía, cuando usted recurre a obras literarias, se trata generalmente de un poema o una obra de teatro. Como si la forma novelesca resistiera a su encaminamiento...
Me gusta mucho la novela, leo muchas. Pero no he encontrado el nivel adecuado de citación de lo novelesco en la filosofía. En el texto filosófico, cuando se habla de una cosa, hay que hacerla tocar por el lector. Cuando presento matemáticas o poesía, cito la forma. ¿Qué hacer con la novela? Siempre se está contando la historia, se pasa por consideraciones metasicológicas sobre el autor... que tienen muy poco que ver con la novela. La que más admiro es La Guerra y la Paz, de Tolstói. Sin embargo, me es muy difícil hablar de ella. Como filósofo, no puedo explicar la novela.En su antología titulada Conditions (Seuil, 1992), estudia el “método” de Rimbaud, el de Mallarmé también, y en ambos encuentra la misma tendencia a la “impaciencia”. Cuando se lee una de sus obras, hay allí un impulso común a la poesía creadora y al pensamiento rebelde. A su modo de ver, ¿cuál es el vínculo entre el acto literario y la política de emancipación?
En lo novelesco propiamente dicho, hay un elemento democrático fundamental: una concepción no jerarquizada de las existencias, según la cual todos tienen su oportunidad. En una gran novela, lo que se muestra, es la vida humana por cuanto la vida distribuye la suerte de vivir a unos y otros, de manera igualitaria. En este sentido, existe una propuesta archidemocrática subyacente a cualquier novela. Aun cuando, por supuesto, pienso que las formas novelescas adecuadas para dar vida a ese principio hoy están en elaboración...Usted mismo ¿trabaja en ello?
Me incluyo en ese veredicto. Se hace lo que se puede... Pero me impresiona ver que la tradición norteamericana conservó algo de ello. Así, Richard Ford busca captar lo que subsiste de libertad en el norteamericano común. Vuelve a la inquietud balzaciana, con la prima Bette: aquí, cualquiera que sea la vulgaridad aparente de los personajes, cualquiera que sean las restricciones sociales, algo les está dado y es la oportunidad del deseo, una energía desesperada de existir a pesar de todo... Eso, es más fuerte que todos los raciocinios de valores, es la verdadera relación con la novela.

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