sábado 23 de octubre de 2010

Ética: conclusiones.


Partimos de una crítica radical a la ideología "ética" y sus variantes socializadas: doctrina de los de rechos del hombre, visión victimaria del Hombre, ingerencia humanitaria, bioética, 'democratismo' amorfo, éticas de las diferencias, relativismo cultural, exotismo moral, etc. Mostramos que estas tendencias intelectuales de nuestro tiempo eran, en el mejor de los casos, variantes de la vieja predicación moralizante, y en el peor, la mezcla amenazante del conservadurismo y de la pulsión de muerte. Hemos visto, en la corriente de opinión que invoca la "ética" a cada instante, un grave síntoma de renunciamiento a lo único que distingue a la especie humana del viviente depredador que ella es también: la capacidad de entrar en la composición y el devenir de algunas verdades eternas. Desde este punto de vista no vacilamos en decir que la ideología "ética" es, en nuestras socieda des, el principal (pero transitorio) adversario de todos aquellos que se esfuerzan por hacer justicia a un pensamiento, cualquiera que éste sea. Después esbozamos la reconstrucción de un concepto admisible de la ética, que subordine su máxima al devenir de las verdades. 'Esta máxima, en su forma. general, dice: "¡Continuar!". Continuar siendo ese "alguien", un animal humano como los otros que, sin embargo, se encontró capturado y desplazado por el proceso del acontecimiento de una verdad. Continuar siendo partícipes de ese sujeto de una verdad que solemos devenir. Es en el corazón de las paradojas de esta máxima que encontramos, dependiendo por lo tanto del Bien (las verdades), la verdadera figura del Mal, bajo sus tres especies: el simulacro (ser el fiel aterrorizante de un falso acontecimiento), la traición (ceder sobre una verdad en nombre de su interés), el forzamiento de lo innombrable, o desastre (creer que la potencia de una verdad es total). De manera que el Mal es una posibilidad abierta únicamente por el encuentro con el Bien. La ética de las verdades, que sólo dará consistencia a ese "alguien" que somos, cuya perseverancia animal resultó ser el sostén de la perseverancia intemporal del sujeto de una verdad, es al mismo tiempo lo que intenta evitar el Mal, por la vía de su inclusión efectiva y tenaz en el proceso de una verdad. En consecuencia, la ética combina bajo el imperativo: "¡Continuar!", una facultad de discernimien to (no quedar prendido a los simulacros), de coraje (no ceder) y de reserva (no dirigirse a los extremos de la Totalidad). La ética de las verdades no se propone ni someter al mundo al reino abstracto de un Derecho, ni luchar contra un mal exterior y radical. Al contrario, ella intenta, por su propia fidelidad a las verdades, evitar el Mal del cual ha reconocido que es su revés o su faz obscura.

CITA TEXTUAL de ALAIN BADIOU.

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