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Democracia e Idea de Comunismo en la filosofía de Alain Badiou.

Por Angelina Uzín Olleros



Alain Badiou presenta en su obra, que incluye -no sólo sus libros e investigaciones- sino también sus respuestas y posicionamientos en sucesivas entrevistas y reportajes: una reflexión crítica sobre las democracias actuales y la ética de los derechos humanos como son expresadas en la actualidad. En su caso la contradicción en el siglo XX no ha sido la de democracia y monarquía, la contradicción que se expresa es entre democracia y totalitarismo. Esto se suma a la contradicción entre democracia y terrorismo que ha sido reforzada después del atentado a las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001.

Presento brevemente algunas nociones centrales que refieren a su filosofía que él denomina una “ontología del múltiple puro” y la diferencia entre la hipótesis comunista y la Idea de comunismo a las que Badiou adhiere en el presente.

Su filosofía expone una teoría completa de la estructura de las situaciones, la que se construye matemáticamente a partir de la teoría de conjuntos, a ella se agrega una teoría de la metaestructura que Badiou denomina “estado de las situaciones”[1] . Continúa con una teoría del sujeto que plantea que todo sujeto es algo que surge en una estructura, la atraviesa, pero no es un efecto de ella.

Su categoría central es la de “acontecimiento” que es un suplemento que aparece del azar:

El acontecimiento está ligado, desde su misma definición, al lugar, al punto, que concentra la historia de la situación. Todo acontecimiento tiene un sitio singularizable en una situación histórica. El sitio designa el tipo local de la multiplicidad ‘concernida’ por un acontecimiento. No es que hay acontecimiento porque el sitio existe en la situación. Pero para que haya acontecimiento es necesaria la determinación local del sitio, es decir, una situación en la que sea presentado un múltiple al borde del vacío. La confusión entre la existencia del sitio (por ejemplo: la clase obrera, un determinado estado de las tendencias artísticas o un impasse de la ciencia...) y la necesidad del acontecimiento es la cruz de los pensamientos deterministas o globalizantes. El sitio sólo es una condición de ser del acontecimiento. Siempre puede ocurrir que no se produzca ninguno.[2]

El sujeto es una fidelidad al acontecimiento en una situación determinada y es una operación compleja que supone la estructura de la situación, pero a la vez, el sujeto, produce una ruptura en esa estructura. Hay sujeto donde hay un defecto en la estructura, porque en ella existen fenómenos de creación y novedad, todo sujeto es –al mismo tiempo- una novedad.

Junto a las teorías sobre la estructura y sobre el sujeto, Badiou expone una teoría de la política. La política no es un medio, no es un instrumento de transformaciones que son exteriores a ella, la política es una libertad subjetiva en sí misma, es un proceso real que conduce una verdad colectiva, que muestra las posibilidades igualitarias de una situación, la que no debe ser medida por sus resultados sino por su propio proceso. La tesis badiousiana es que toda política contiene su verdad en sí misma y la posibilidad subjetiva es infinita.

Su pregunta central es ¿cuál es la articulación del pensamiento con esta especie del ser que es el vacío y en esta expansión del ser que es infinita?, la respuesta que nos ofrece es esta ontología del múltiple puro:

Queda claro que lo que hay (los múltiples, las diferencias infinitas, las situaciones ‘objetivas’ por ejemplo, el estado ordinario de la relación con el otro antes de un encuentro amoroso) no puede definir una tal circunstancia. En este tipo de objetividad, el animal, universalmente, se desenvuelve como puede. Se debe entonces suponer que lo que convoca a la composición de un sujeto es un plus, o sobreviene en las situaciones como aquello de lo que hay de él en estas situaciones, y la manera usual de comportarse allí... Decimos que un sujeto, que sobrepasa al animal (pero el animal es su único soporte) exige que algo haya pasado, algo irreductible a su inscripción ordinaria en ‘lo que hay’. A este suplemento, llamémoslo un acontecimiento, y distingamos al ser‐múltiple, donde no se trata de la verdad (sino solamente de opiniones), del acontecimiento que nos coacciona a decidir una nueva manera de ser. Semejantes acontecimientos están perfectamente testimoniados: la Revolución francesa de 1792; el encuentro de Eloísa y Abelardo; la creación galileana de la física; la invención de Haydn del estilo musical clásico... Pero también: la revolución cultural China (1965‐1967); una pasión amorosa personal; la creación del matemático Grothendieck de la teoría de los Topos; la invención por Schoemberg del dodecafonismo...[3]

Esta cita es un buen ejemplo para resaltar que en Badiou las verdades son científicas, artísticas, amorosas y políticas. Y que el pensamiento no debe quedar “suturado” a ninguna de ellas:

La historia de la filosofía, para Badiou, es el devenir de las “suturas” a una de sus condiciones. En esta cuestión debemos recurrir a su concepción de verdad, puesto que “las” verdades no pueden encontrarse a partir de una sola condición, o para decirlo de otro modo: hay una producción de verdades científicas, artísticas, políticas, amorosas.
Básicamente, el concepto de "sutura", en la obra de Jacques Lacan nombra la relación problemática del sujeto con la cadena del discurso.
Para Badiou la filosofía al quedar suturada a una de sus condiciones, deberá edificar un espacio de composibilidad de sus condiciones genéricas, si ese espacio queda bloqueado en la sutura de una de las condiciones, la filosofía delega sus funciones a un procedimiento genérico, ya sea éste el matema, el poema, la política o el amor.[4]

Para analizar la situación política del siglo XX y las consecuencias que llegan de los siglos XVIII y XIX a la misma, Badiou considera que existen tres términos inevitables para tal análisis: las masas populares y sus movimientos, el poder del Estado y los partidos políticos. Denomina movimiento a una acción colectiva que obedece a dos condiciones: la ruptura con la repetición colectiva-social por un lado y el poder dar un paso más con respecto a la igualdad.

Para él en el siglo XX existieron tres grandes partidos políticos que agrupa de este modo: el parlamentario, el fascista y el comunista. La idea de revolución de los siglos anteriores fue reemplazada por la idea de partido revolucionario. Lo que acontece a fines del siglo XX es la profunda crisis de los partidos políticos.

Ante la desaparición del partido Badiou propone un alejamiento del Estado y la “invención política” que supone este distanciamiento, invención porque para él no hay política sin acontecimiento. La necesidad de un movimiento colectivo que porta una idea igualitaria excede la de una reivindicación particular o interesada.

El movimiento existe si puede implicar a todos, a todo el mundo, porque representa un avance, un progreso en la idea igualitaria. Cada quien puede encontrar ejemplos de movimientos en este sentido.[5]

Dice al respecto que:

Un acontecimiento político es algo que permite a cada quien mantenerse a distancia del Estado, porque el acontecimiento ha determinado, ha fijado el poder del Estado. [6]
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Yo llamo Estado a mucho más que sencillamente el gobierno, o la policía o la justicia. El Estado es todo lo que da poder dentro de la sociedad. En nuestro mundo, por ejemplo, la economía es parte del Estado. Es parte del Estado porque es la organización principal del poder.
Entonces, el Estado es la sociedad concebida como poder sobre cada uno. Es aquello que siempre dice dónde y cuáles son los lugares. Es lo que indica a la gente, a los grupos, cuáles son sus lugares, y que indica también cómo podemos movernos, cuál es el camino.[7]

En este sentido son parte del Estado las instituciones y los medios de comunicación, las agrupaciones en general, incluidas las organizaciones no gubernamentales, etc. Las actuales democracias basadas en la idea de representación (que también se encuentra en una profunda crisis ya que el ciudadano está ausente en lo representado) han transformado la política en la promesa de resolver los problemas de la gente, que es muy útil en una campaña electoral, pero la política para Badiou es “comprometerse en la cuestión de la libertad y la igualdad”.

Después de la caída del muro de Berlín, que alimenta la idea del fracaso del comunismo y el triunfo de la libertad, estamos frente a una democracia de los capitales que administra. “El Estado es el administrador de los flujos de capitales”.

Hace la diferencia entre una concepción clásica de política y otra que le opone, ésta última es la “bolchevique”. Siguiendo el análisis crítico de esta concepción clásica de la política, el filósofo debe hacer un trabajo de abstracción para presentarla, es entonces un conjunto complejo de elementos heterogéneos: primero la vida y la acción de los pueblos, revueltas, rebeliones y sumisiones. El pueblo es el primer elemento de la política. En segundo término se encuentran las organizaciones, los partidos políticos, sindicatos, asociaciones civiles. Existe una particular relación de estos grupos con el pueblo a través de distintas actividades políticas. En tercer lugar están los distintos órganos del poder del estado y del poder económico. El gobierno, el ejército, la policía, los grupos económicos, el poder de los medios (en francés les dicen “los decidores”), en este punto es donde se toman las decisiones.

En esta concepción clásica de la política se debe dar una articulación entre estos tres niveles: el pueblo, las organizaciones, y  el poder. De aquí se desprende una idea generalizada entre diferentes concepciones políticas, que en esta idea coinciden, en el primer nivel (el pueblo) se presentan contradicciones y conflictos de intereses; el segundo nivel (las organizaciones) van a representar estas contradicciones conflictivas; aquí se da un pasaje de la contradicción a la representación de la contradicción.

La democracia es la forma pacífica de resolver este pasaje entre el primer y el segundo nivel, porque en el tercer nivel se da la negociación para poder resolver los conflictos. En síntesis, los tres niveles expuestos, según Badiou, se expresan en tres momentos: contradicción/representación/negociación.

La elección de los representantes a través del voto es la forma de representación en la que el pueblo se encuentra en la decisión de elegir; aquí se observan acuerdos, convenios, pactos, con vistas a la decisión. Esto desemboca en la negociación que crea la ilusión de la ausencia de conflicto. Badiou afirma que existe un consenso, un acuerdo fundamental que sostiene la necesidad de la pacificación; por eso para él la democracia hoy es la obediencia a grupos contradictorios entre sí que están negociando.

Ante la convicción acerca de la conveniencia democrática que consiste en elegir el “mal menor” para evitar la guerra civil por ejemplo, o el desorden social, o la inseguridad… el pueblo debiera preguntarse ¿por qué en estas condiciones de desigualdad social permanece el capitalismo?, ¿por qué existe una opresión constante a los desposeídos?, ¿por qué la concentración financiera permanece a pesar de la pobreza?

Este sistema de representación y elección bajo las condiciones de negociación de grupos opositores entre sí, es el de la perpetuación del capitalismo, la participación se resigna ante la organización. La democracia representativa es el sistema, entonces, pretendidamente pacífico que resulta funcional al capitalismo globalizado.

Contraria a esta concepción clásica de la política, se encuentra la teoría bolchevique, según la cual en el segundo nivel se podían representar los intereses contradictorios del primer nivel cuando la revolución lleva al poder al partido del proletariado. No existe aquí la representación de la representación del tercer nivel en la teoría clásica. Marx pensó en estas dificultades y planteó el final del estado a través de lo que denominó la “libre asociación”.

Para Badiou la “hipótesis comunista” que expone Marx en el Manifiesto nunca fue llevada a cabo, nunca se realizó, por esta razón lo que él entiende por Comunismo ha quedado como una hipótesis que no se ha cumplido.

Sobre las ruinas del comunismo, sostienen nuestros prosistas, triunfa la democracia. O va a triunfar. Los más triunfalistas hablan del triunfo de un ‘modelo de civilización’. La nuestra. Nada menos. Quien dice ‘civilización’, sobre todo en la figura del triunfo, dice también derecho de los civilizados a las cañoneras, para los que no hubieran comprendido a tiempo de qué lado suenan las bocinas del triunfo. Los derechos del hombre han dejado de ser una fatigada reivindicación intelectual. Estamos en la hora de un derecho fuerte, del derecho de injerencia. Movimientos triunfales de las tropas demócratas. La guerra, si es necesario –ese correlato obligado de las civilizaciones triunfantes- Los muertos iraquíes tumbados por millares en el silencio, excluidos aun de toda enumeración (y sabemos hasta qué punto la civilización de la que hablamos es contable...), no son sino el resto anónimo de las operaciones triunfales. Musulmanes sospechosos, después de todo, incivilizados recalcitrantes. Porque fíjense bien, hay religiones y religiones. La cristiana y su Papa forman parte de la civilización, los rabinos son considerables, peto molás y ayatolás harían bien en convertirse.[8]

Para Badiou las democracias son los regímenes políticos del imperialismo contemporáneo, refiriéndose a los Estados Unidos, Inglaterra y los países europeos en general. Los estados occidentales, según él, quieren llevar la democracia a todos los pueblos del mundo de la misma forma que los conquistadores pretendían llevar la verdadera religión a los indios. Siempre hay misioneros detrás de los militares, la democracia se ha transformado en la religión actual. La democracia se refuerza ante la lucha contra el terrorismo, que es su principal enemigo; pero no hay que confundir terrorismo con resistencia. Sin embargo advierte que “La idea de ‘resistencia’ significa que la política (a menudo denominada biopolítica) no es sino el principio constitutivo oculto de la propia innovación capitalista”.

Para Badiou la democracia era la voluntad de un pueblo para elegir un gobierno, vivir en libertad, protestar y ejercer sus derechos. Pero ése no es el sentido auténtico en el presente, los estados democráticos practican la invasión, el bombardeo, el crimen de masas. Hay que inventar un nombre que pueda designar otra cosa que lo que hoy es la democracia. Ese nombre para Badiou es la Idea de comunismo que debe ser forjada por los intelectuales, trabajadores, militantes sin partido, bajo la orientación de la hipótesis comunista que planteara Marx: la política debe fijarse el propósito de terminar con la dominación:

La hipótesis comunista establece que es practicable una organización colectiva diferente que elimine la desigualdad en la distribución de la riqueza e incluso la división del trabajo. La apropiación privada de enormes fortunas y su transmisión mediante la herencia desaparecerán. La existencia de un estado coercitivo, separado de la sociedad civil, dejará de presentarse como una necesidad: un largo proceso de reorganización basado en una libre asociación de productores asistirá a su extinción.[9]

La Idea de comunismo viene a cumplir con esta hipótesis y en ella Badiou señala tres componentes: un componente político, un componente histórico y un componente subjetivo:

La separación subjetiva y política entre los campesinos del tercer mundo, los desempleados y asalariados pobres de nuestras sociedades ‘desarrolladas’ por un lado, las clases medias ‘occidentales’ por el otro, es absoluta, y marcada por una indiferencia odiosa. Más que nunca el poder político, como lo muestra la crisis actual con su única consigna ‘salvar los bancos’, no es más que un apoderado del capitalismo. Los revolucionarios están separados y débilmente organizados, una desesperanza nihilista se ha apoderado de grandes sectores de la juventud popular, la gran mayoría de los intelectuales son serviles. Opuestos a todo esto, y tan aislados como Marx y sus amigos en la época del retrospectivamente famoso Manifiesto del Partido comunista de 1847, somos sin embargo cada vez mas numerosos para organizar los procesos políticos de un nuevo tipo en las masas obreras y populares, y para buscar todos los medios de apoyar en lo real las formas renacientes de la Idea comunista. Como al principio del siglo XIX, no se trata de la victoria de la Idea, como será el caso, bastante imprudente y dogmático, durante toda una parte del siglo XX. Lo que importa en primer lugar es su existencia y los términos de su formulación. Primeramente, dar una fuerte existencia subjetiva a la hipótesis comunista, esa es la tarea que cumple hoy a su manera nuestra asamblea. Y es, quiero decirlo, una tarea apasionante. Combinando las construcciones del pensamiento, que son siempre globales y universales, y las experimentaciones de fragmentos de verdades, que son locales y singulares, pero universalmente transmisibles, podemos asegurar la existencia de la hipótesis comunista, o mejor dicho de la Idea del comunismo, en las conciencias individuales. Podemos abrir un tercer periodo de existencia de esta Idea. Podemos, y debemos.[10]

Queda entonces la pregunta: ¿se puede prescindir del Estado?

Debemos procurar esa distancia entre la política y el Estado. Así como Badiou afirma que la ética no es la lucha contra el mal sino la búsqueda del bien, la política debe entenderse como la manera positiva de obligar al estado. Badiou dice: “No es cierto que el éxito de la democracia sea que no es violenta. Puede ser violenta con otros países o grupos. La protesta, la resistencia, son las propuestas negativas. Hay que obligar al Estado de manera positiva: esto sí queremos, esto es lo que necesitamos…”[11]

Bibliografía:

Badiou, Alain (1988) El ser y el acontecimiento. Buenos Aires. Manantial.
Badiou, Alain (2007) De quoi Sarkozy est-il le nom? Circonstances 4. Paris. Lignes.
Badiou, Alain (2009) L’hypothèse communiste. Circonstances 5. Paris. Lignes.
Badiou, Alain (2009) Compendio de metapolítica. Buenos Aires. Prometeo.
Badiou, Alain (2007) ¿Se puede pensar la política? Buenos Aires. Nueva Visión.
Badiou, Alain (2006) De un desastre oscuro. Sobre el fin de la verdad de estado. Buenos Aires. Amorrortu.
Badiou, Alain (2004) La crítica a la democracia es hoy la cuestión fundamental. Rosario. Homo Sapiens.
Bosteels, Bruno (2007) Badiou o el recomienzo del materialismo dialéctico. Chile. Palinodia.
Gómez Camarena, Carlos y Uzín Olleros, Angelina. Compiladores (2010) Badiou fuera de sus límites. Buenos Aires. Imago Mundi.
Hounie, Analía. Compiladora (2010) Sobre la idea de comunismo. Buenos Aires. Paidós.
Uzín Olleros, Angelina. (2008) Introducción al pensamiento de Alain Badiou. Las cuatro condiciones de la filosofía. Buenos Aires. Imago Mundi.



[1] Sartre propone una lectura subjetiva de las estructuras, Lévi Strauss una lectura objetiva de las mismas y Lacan analiza las condiciones en que una política puede separar lo real de lo imaginario. Badiou toma estos tres tópicos para exponer su teoría de la estructura.
[2] Badiou, A. El ser y el acontecimiento. Pág. 202. 
[3] Badiou, Alain. La ética. Ensayo sobre la conciencia del mal. Pág. 125.
[4] Uzín Olleros, A. Introducción al pensamiento de Alain Badiou. Las cuatro condiciones de la filosofía. Pág. 17.
[5] Badiou, Alain. Conferencia sobre El Movimiento Social y Representación Política. Buenos Aires. 24 y 25 de abril de 2000. Pág. 27.
[6] Badiou, Alain. Ídem. Pág. 31.
[7] Badiou, Alain. Ídem. Pág. 29.
[8] Badiou, Alain. De un desastre oscuro. Sobre el fin de la verdad de Estado. Pág. 33
[9] Badiou, Alain. De quoi Sarkozy est-il le nom? Circonstances 4. Pág. 134.
[10] Badiou, Alain. L’Hypothèse communiste. Circonstances 5. Pág.29. 
[11] Badiou, Alain. Conferencia sobre “Acontecimiento y subjetivación política”. 9/5/2012. Universidad Nacional San Martín. Buenos Aires. Argentina.  

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