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Filosofía y Psicoanálisis. Editorial La Marca. 2013.



Fin de siglo, fin de milenio, fin de ideologías, fin de metarrelatos. 
Así reza la vulgata del posmodernismo. 
Deberíamos agregar: fin de la verdad. 
Este tema incumbe no sólo al psicoanálisis, sino a la ciencia toda, a la ética, a la política, a la religión: es un tema filosófico por excelencia. 
La irrupción del principio de incertidumbre, más correctamente de indeterminabilidad, abrió una brecha profundizada con el descubrimiento de las estructuras disipativas, los fenómenos de orden-desorden, la teoría del caos, etcétera. 
Frente a esto son posibles dos actitudes: o decir que la verdad no existe, o redefinir los criterios de verdad y de la relación de la verdad con el saber. 
Freud puso sobre el tapete el problema al postular, como uno de los puntos cardinales del psicoanálisis, que el paciente sabe, pero no sabe que sabe y por eso cree que no sabe. 
El saber no sabido es del orden de la verdad y no del orden del conocimiento. 
Por lo tanto definir la relación entre el saber y la verdad se torna un problema capital para el psicoanálisis. 
La reflexión de Alain Badiou nos lleva directamente a esta problemática, profundizando el pensamiento lacaniano. Es desde la lógica que se puede redefinir la verdad y su relación con el saber. 
Nos ofrece y nos propone una formulación lógica al aforismo freudiano de "el ello habla" y al lacaniano de "Moi, la verité, je parle". 
Su desafío no es pequeño, pero con seguridad nos salva de la hendiría y del misticismo.

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